04 febrero 2012

Devendra Banhart y el precio de una entrada



La noticia del arribo de una marca de bebidas se expandió rápidamente. No porque conociéramos la bebida o nos importara, sino por la publicidad con la que se hizo: antes de dar a conocer cualquier cosa, se supo que en su lanzamiento, el 18 de febrero en el Muelle Barón, estaría Devendra Banhart y un dj set de Hot Chip. Fue Trending Topic ese día y comentario obligado el cómo nos íbamos a conseguir entradas, que no las iban a vender y que teníamos que ir. Sí, era un deber. No me puedo perder, pensé, en mi ciudad, a Devendra (está, junto a Jens Lekman en la base de mi triángulo de mis solistas amados, coronado -cómo no- por Sufjan Stevens) y a Hot Chip.
El tema es que la empresa que va a hacer el lansamiento jugaba al misterio. Se sabía más por la prensa y twitter que por información oficial, hasta que se supo el cómo conseguir las anheladas invitaciones. Cito a LaTercera:

Pues bien, sólo quienes sigan las cuentas de Twitter y Facebook de la marca tendrán acceso a los concursos por entradas, que no sólo se sortearán a través de redes sociales, sino que contarán con acciones offline.

¿Por ejemplo? A través de estas redes sociales se darán instrucciones que pedirán a los concursantes trasladarse a cierto lugar determinado, que se anunciará vía Twitter, y las primeras personas que lleguen ganarán una entrada. Para cada concurso que se haga se darán claramente las indicaciones a seguir y condiciones, como cantidad de entradas que se regalarán y si los tickets serán simples o dobles.

Entonces no solo hay que estar atento todo el día a lo que puedan poner en twitter o facebook, sino que además partir corriendo a hacer quizás qué para optar a ganarse una invitación. Y el punto es precisamente este: ¿qué es lo que estamos dispuestos a hacer por una entrada para un evento/espectáculo?
Finalmente, terminarán yendo quienes hayan tenido la oportunidad de ir al lugar pedido y hacer lo que hayan pedido. Personalmente, tengo un límite. Me encantaría ir a ese concierto, pero no sé qué soy capaz de hacer por ello. Pagar, claro. Ir a algún lado y hacer una fila, puede ser. Participar en algún concurso ridículo, no. No se trata de que me crea especial o que esté desprestigiando la estrategia de la empresa (después de todo, es un truco comercial, no traen este concierto por buena gente, sino porque les reportará ganancias, y en ese sentido lo entiendo totalmente y, es más, considero que lo están haciendo estupendo). Se trata de que hay cosas que yo no haría porque no considero el mecanismo más válido para ganarme una entrada. Porque para mí los conciertos son importantes, y eso incluye también el cómo me conseguí la entrada. No es que quiera pagar por todo (amo los recitales y tocatas gratuitas) sino que el participar en un concurso tipo kermesse de colegio es también una manera de ponerle un precio a una entrada. Y ese es el precio que yo no quiero pagar. De todos modos, igual estaré pendiente de lo que digan y si me es posible, intentaré conseguirme la famosa invitación. No sé cuál es el precio que voy a querer pagar, pero habrá un tope.

14 enero 2012

SORPRESA: Morrissey en Viña 2012

Es díficil escribir algo al respecto. Morrissey figura(ba) en mi olimpo imaginario de bandas y solistas (vivos y muertos) que pensé que nunca vería en vivo. Todavía no lo hago, pero ahora está en la lista provisoria de "si todo sale bien, pronto lo veré".
Me levanté temprano y desayuné revisando tuiter (lo que nunca hago). El primer tuit que leí era el link a esta noticia y desde ahí todo corrió muy rápido: llamadas, tuits, sms, puntoticket, despertar gente, gritar. No es un fanatismo desesperado, es ver en la ciudad en la que vivimos, estudiamos y trabajamos a uno de los grandes -enormes- de la música. Al ídolo de nuestros ídolos.
Hay gente que no le importa, que no sabe quién es, que critican y otros que todavía no lo creen porque la productora y la venta de entradas no lo ha confirmado, solo la prensa.
Para mi eso es suficiente. Ya tenemos nuestras entradas y estamos contando los días. No saldré de vacaciones y no me importa. Porque en un festival que de otro modo hubiera ignorado está uno de los dioses musicales. Y porque en la ciudad a la que voy a trabajar, a hacer trámites y que odio en verano tendrá el que será el mejor panorama para este.


PS: al parecer serán solo 15 canciones. Difícil (s)elección, pero esta es un MUST.

02 diciembre 2011

In-Edit


El próximo fin de semana comienza el Festival In-Edit que trae una cartelera imperdible: evidentemente el imprescindible es Living in the material world, pero también estará Searching for Elliot Smith. Si tuviera mucha plata, vería también David Bowie: Cracked actor, Pánico. La banda que encuentra el sonido bendito, The sacred triangle: Bowie, Iggy & Lou, The Libertines: There are no innocent bystanders y en realidad (casi) todo.

Aquí el trailer de lo que hizo Scorsese sobre George Harrison, que se ve bien. Habrá que ir.



21 noviembre 2011

Lollapalooza 2012

Este año no fui a Lollapalooza. Y para qué vamos a andar con cuestiones, igual me arrepiento. Me arrepiento por Devendra Banhart, que hace ya hartos años que le sigo la carrera y que quizá no vuelva Chile. También por The National, cuyo último disco conocí hace no tanto y que me hubiese encantado escuchar en vivo. Por Flaming Lips, quizá la banda con más trayectoria de la convocatoria. Y por otras cosas menores, como The Drums. Al menos, me consuela que fui a McCartney y que no podría haber pagado los dos. Y como sabiamnete me lo repite la Nicole cada vez que lo conversamos, no había por donde perderse. Punto.
De todos modos, esta vez no quise arriesgarme e intenté comprar las entradas en verde. Mi poco amigable conexión a Internet no me lo permitió, y cuando llegué a una conexión decente la preventa ya se había terminado. Ese fue un día horrible.
La confirmación de Arctic Monkeys hizo que el panorama se viera aún peor. Todos hablaban de sus entradas a 30mil que yo no tenía. Después empezaron los rumores: cada vez que escuchaba MGMT y Morrisey como candidatos, me dolía. Finalmente, decidimos anoche comprar para los dos días. Barato no fue, pero valdrá la pena.
El line up final no tenía a Morrisey, pero igual valdrá la pena. Si bien los grupos 'chicos' -mejor dicho no headliners- no me gustan tanto como los del año pasado (hay varios que no conozco, comenzaré a bajar sus discos desde ya para trazar mi ruta Lollapalooza), estará Bjork entre los principales. Hace rato que se me pasó el amor por ella y dejé de seguirle la pista, pero me parece que es algo que HAY que ver en vivo. Dicen que su perfomance es simplemente increíble y ella es seca.
Ya sabemos que muero por MGMT, así que pasemos de largo.
Foo Fighters me da un poco lo mismo (puede insultarme ahora si lo desea), pero sí estoy feliz con lo de Gogol Bordello, TV on the Radio y Friendly Fires. Band of Horses me parece un poco fome (en la misma senda, hubiese preferido a Bon Iver), pero creo que los veré igual. Foster the People son los The Drums de esta versión (el grupo revelación del verano boreal), igualmente pegajosos, pero peores. Quizá prescinda de ellos.
Y, por supuesto, Arctic Monkeys. Creo que hubiese pagado los 60 solo por ellos. Especulo (como todos) que se separarán pronto, así que hay que aprovechar ahora de verlos. Y pese a todos los contra que tiene un festival (habrá mucha gente que irá solo por 2 canciones, calor, comida cara, el show dura la mitad de lo que dura un concierto) no me imagino perdiéndome la banda británica más importante de los últimos años.
Pese a que envidio a los que alcanzaron las de 30mil, estoy feliz. Me costó el doble, pero sé que lo disfrutaré el doble también (sobre todo si tocan esto).


30 septiembre 2011

Todos los días de mi vida


El 30 de mayo de 2005 una de mis bandas favoritas tocó en Santiago. Por alguna razón, nunca supe bien cuál, no fui. Me lo perdí. El grupo con el que aluciné toda mi adolescencia estaba muy cerca mío y yo no los vi. Ese mismo año, en noviembre, vino otra de mis fundamentales. Tampoco los vi. Y tampoco supe por qué.
Haberme perdido a White Stripes y a The Strokes el mismo año, en menos de seis meses, es una de las cosas que más me ha marcado en términos musicales. Después de eso, decidí no perderme nunca nada más en vivo que me gustara o me haya gustado realmente. Así fue como, al año siguiente, vi a Franz Ferdinand junto a fans de Ruperto en el Festival de Viña, a Oasis cuando ya no los escuchaba y, no mucho después, pagué una gran gran suma para ver a cuatro tipos que juntos se hacen llamar Coldplay tocando muy lejos de mí. Por lo mismo, he visto a Erlend Oye 2 veces de las 3 que ha venido (y voy por la cuarta) y un largo etcétera.
También me he perdido algunas cosas: Phoenix dos veces, Calexico, Lollapalooza 2011 (los que lamento son The Drums, Devendra Banhart, The National y, sobre todo, Flaming Lips) y The Rapture en el 2007 (eso sí que me da un poco más de pena). Pero nada de lo que me perdí me gustaba como para arrepentirme tanto. De repente me acuerdo, sobre todo cuando escucho a algunas de estas bandas, y lo lamento. Pero lo de White Stripes y The Strokes, 6 años después, me sigue molestando. Sobre todo por lo inexplicable que fue, en el que no tuve ninguna razón de peso para faltar.
No se trata solo de haberse perdido dos buenos conciertos. Se trata de haber ignorado que -muy probablemente- fue el único paso de dos de mis bandas fundamentales en algún momento de mi vida. Los de White Stripes se separaron este año tras un receso, por lo que evidentemente no volverán, y The Strokes, aunque siguen juntos, no son ni la sombra de lo que eran. Evidentemente iría igual ("por escuchar New York City cops y Last Nite vale la pena" me dijo alguien el otro día), pero ya no fui en su mejor momento y cuando más me gustaba. Aprendí de ello y ahora no falto a nada. Porque no quiero que haya una tercera banda de la que me arrepienta como estas, todos los días de mi vida.

23 agosto 2011

The Age of Adz: aprender a escuchar.


Para nadie es novedad que desde hace mucho tiempo Sufjan Stevens está entre mis favoritos. Sus discos (Common feel the) Illinoisse y Seven Swans son de mis imprescindibles. Sin embargo, cuando salió su nuevo disco hace casi un año atrás, no lo escuché. Me pareció que el primer single (que da título al disco) era demasiado experimental, que entre ruidos y electrónica se perdía su capacidad para hacer canciones maravillosas y que no le sacaba provecho a su voz.
Pasó el tiempo y yo seguía pegada en los mismas canciones de siempre cuando me decidí a escuchar el disco. La primera vez no lo pude terminar. Lo odié, así de simple. Intenté comprenderlo mejor haciendo rewind: me devolví hasta el segundo disco del cantautor, de 2002, Enjoy your rabbit, disco de electrónica inspirado en el horóscopo chino. La electrónica no va mucho conmigo, pero me agradó. No lo he vuelto a oír mucho, pero como música de fondo me parece bien. Luego vino The BQE, música que acompaña una película del mismo nombre sobre la ruta que une Brooklyn con Queens. Ese me gustó un poco más. Es orquestal y tiene cierto parecido con el Illinois y el Michigan, pero tampoco me servía para entender el último disco. Finalmente, opté por All delighted people, EP sacado solo un par de semanas antes que el LP y que es la transición perfecta entre las dos facetas de Sufjan: entendí todo. Ya enamorada del EP (y hasta el día de hoy), pasé nuevamente a The Age of Adz. Ya no lo odié tanto, pero tampoco me gustó. No pude escucharlo de corrido.
Paralelamente, vi un montón de videos de la gira que dio a principios de este año, leí entrevistas y entendí un montón de cosas: que se enfermó del sistema nervioso antes de hacer el disco , que por eso se inspiró en Royal Robertson (artista-esquizofrénico), que el concierto en vivo tiene disfraces, muchos músicos en escena (¡dos baterías!) que se hacen llamar The Astral Masters of Sing & Dance y que a Sufjan Stevens le interesa hoy por hoy más hacer ruido que música. Experimentar.
De a poco volví a escuchar el disco y debo decir que es una obra maestra. Detrás del ruidismo se esconden melodías complejas, letras preciosas y algo realmente nuevo. De verdad que no se parece a nada. Mi recomendación entonces es oírlo, con mucha paciencia, hasta encontrar lo que el disco esconde. Porque está. Y porque cuando pensé que me quedaba con las guitarras y el sonido folk como el predominante de mi vida, apareció esto y me enseñó lo que es aprender a escuchar.

PS: luego la crítica del disco. Cuando termine de digerirlo. Por ahora, I Walked en vivo, una de las joyitas.



01 agosto 2011

Is this it



El pasado 30 de julio se cumplieron 10 años desde que, estando en Australia, los neoyorkinos The Strokes editaron un álbum llamado Is this it. Ese, su disco debut, lanzado cuando apenas estaba comenzando la década, se transformó en uno de los más determinantes, que allanó el camino para las bandas que vinieron después y que redefinió el modo en que entendíamos el rock. Quizá piensen que exagero. Si es así, vayan a la carpeta donde guardan el disco (me imagino que está en todos los computadores de quienes alguna vez se han interesado por este blog) y escúchenlo una vez más y comprenderán lo que digo.
Mi copia del disco llegó de Mendoza casi un año después de su lanzamiento. Mandé el encargo como con diez discos, del cual ese era el décimo y el único que mi hermana encontró de los que le pedí. Era mi época más británica de todas y me decepcioné levemente cuando me dijo que solo había encontrado ese y que tendría que confirmarme con una banda compuesta por 5 estadounidenses bien en vez de alguno de los grupos galeses o escoceses con los que yo soñaba por aquel entonces.
El paso del tiempo fue dándole la razón a la casualidad: la mayoría de las bandas que más oía en esa época desaparecieron y aunque lo que hizo después The Strokes dista mucho en calidad y relevancia que este primer disco, su debut fue un ícono de la década que pasó y se transformó en uno de mis predilectos (de hecho en su momento lo elegí como el mejor del periodo 2000-2010 y creo no arrepentirme de ello).
Hoy todos los medios especializados celebran y tributan el debut. Desde el comentario del actual rey midas del rock inglés en donde explica por qué ama este disco, hasta el compilado Stroked, lanzado por Stereogum con 11 covers (hay algunos excelentes, como el de Owen Pallet para Hard to explain y el de Peter Bjorn and John para Is this it, otros decentes como Take it or leave it y otros definitivamente para olvidar -New York cops y The modern age-), pareciera ser que el disco se ha ido revalidando cada vez más a partir de de su influencia antes que de su valor en sí mismo.
Para mí sigue siendo uno de los fundamentales, aunque, pese a lo que la ortodoxia dicte, me gusta la edición norteamericana. Esa que tiene la otra portada (no la que sale acá) y que como track 10 trae When it started (la historia del por qué está acá, que por lo demás es un brillante artículo). Y aunque lo que siguió sacando la banda era predecible y aburrido, este será para siempre uno de los clásicos de la década, y este, el himno. Porque no hay nada que resuma mejor el 2001 que Last Nite.